El universo personal de Raúl Paz (Parte II y Final)


14 Ott 2016

El artista considera que la amistad es como el amor y comparte los momentos más especiales de su carrera.

Nunca pensé conocer personalmente a Raúl Paz, cuando algunos años atrás escuchaba su música en compañía de mi madre y disfrutábamos el simpático videoclip “Mama”, en la Televisión Cubana.

Tiempo después, llegó como una bendición la amistad virtual que se volvió tangible con una exclusiva periodística y el soñado concierto, donde en primera fila disfruté sus mejores canciones.

Desde entonces, una y otra vez me aventuro a conocer mejor al hombre y al artista en la comodidad de su casa y su estudio, con la certeza de que el público amante a su música agradecerá sus palabras.

“Oye, tú me haces cada pregunta” –replica antes de regalar una respuesta increíble, que poco a poco va tejiendo lo especial de cada entrevista.

Para Raúl Paz no existe la mejor virtud ni el peor defecto. “Lo ideal es tratar de ser lo mejor posible y lograrlo. Nadie es exactamente bueno ni malo, sino seríamos muy aburridos. Tenemos parte y parte, la diferencia está en cuál de ellas cosechas más”.

Con la experiencia de vivir en varios países y conocer a mucha gente, el intérprete y compositor cubano cree en la buena amistad. “Es casi como el amor: muy rara. Uno decide de quien ser amigo y a veces no sabe por qué. No siempre son las personas que más ves ni están cerca, pero hay algo que las une.

“Tengo amigos tan variados, incluso lejanos de mi propio universo, pero sé que estarán ahí aunque peleemos y gritemos. La amistad se parece al amor –insiste- algunas duran un mes y otras se alargan durante toda la vida”.

Según Paz, ser artista va más allá de hacer música o pintar: “es expresarte con el talento que te dio la naturaleza y arriesgarte cada día. Implica cierta sinceridad y muchas ganas de aportar, de comunicar y tratar de cambiar al mundo”.

En una rápida retrospectiva de los momentos más especiales de su carrera, se asoma a la memoria el día en que recogió su álbum debut. “Fue hecho en Estados Unidos mientras yo vivía en París.

“Me llamaron por teléfono para darme la dirección a donde debía ir a buscarlo. Tuve que coger el metro –recuenta exaltado- y caminar buscando la calle que no aparecía. Me pareció una eternidad”.

La felicidad le ha inundado en otras ocasiones, incluso relacionada a un escenario, como “el concierto en el Olimpia, de París, donde decidí a última hora interpretar una parte de música campesina.

“A telón cerrado, empezamos a cantar temas tradicionales como “El carretero” –recuerda emocionado ese primer instante-. Estábamos muy impresionados y se creó una magia tremenda con el público. Todo quedó grabado, por suerte”.

Tampoco olvidará Raúl la primera vez que tocó en Cuba al regresar, luego de un buen tiempo fuera del país. “Esos conciertos en el cine-teatro Acapulco, de La Habana, y en el teatro Milanés, de Pinar del Río”, alude con cierta nostalgia el autor de “Revolución” y “Mulata”.

Resalta, además, la singularidad de momentos más sencillos, “cuando era niño y tocaba en la escuela primaria. Solo tres amigos me escuchaban, pero yo era el mejor cantante del mundo para ellos”.
El también productor musical refiere que es larga la carrera de un artista y suceden vivencias importantes en ella. “Guardo muchas con cariño. He tenido buena suerte durante estos veinte años de música. Es un cúmulo de emociones que agradezco muchísimo porque está muy relacionado con el público”.

Pararse frente a tres personas le inquieta más que subirse a un escenario delante de miles. “Podría parecer más impresionante, sin embargo, es como si el miedo se compartiera entre esas tantas almas que te escuchan”.

Por eso, el pinareño asegura cantar muy poco en pequeños círculos. “Es una sensación agradable y, al mismo tiempo, de gran tensión. Una vez que rompo el hielo todo fluye, pero el arranque está lleno de adrenalina”.

Compara ese momento especial con llegar a la punta de una colina y tirarse. “De hecho, es mi única sensación de riesgo porque soy bastante terrenal, pero qué mayor conflicto que cantar ante cinco mil personas sin saber si te aplaudirán o te tirarán tomates. Ese riesgo me parece suficiente”, aclara risueño.

La música le deja entrar a otra dimensión que nunca es igual para Raúl Paz: “Es como viajar. Mi profesión me permite salir del mundo y es una impresión extraordinaria”.

ADNALOY HERNÁNDEZ por Suenacubano –

Aqui la Parte I 

 

Share

Staff
Staff